Salón de Otoño de París, un poco de Historia, Ramón Chao
Por Ramón Chao
El salón de Otoño de París lleva más de un siglo de existencia. Fundado
sobre las bases del eclecticismo y de la rebelión ante los pompiers y
los post impresionistas, fue en 1903 un revulsivo contra una sociedad y
un arte aburguesados. Las nuevas tendencias se plasmaron en escándalo
en 1905, con la irrupción de Matisse y el fauvismo, que alborotaron a
los críticos: una de sus salas se reservó para un grupo encabezado por
Matisse, Derain, Vlaminck. Sus lienzos provocaron un terremoto de luz y
color, con sus gamas cromáticas estridentes y agresivas, que merecieron
a sus autores el apelativo de Fauves (en Francés fieras). Cézanne
triunfa verdaderamente en 1904 - dos años antes de su muerte - en el
Salón de Otoño y su fama comienza a atravesar fronteras. Sigo
enumerando - pero no seré exhaustivo -.
El futuro muralista Mexicano
Diego Rivera se instala en París en 1911 para exponer en este Salón. Se
deja influir por el neoimpresionismo (puntillismo) y pinta unos
paisajes en este estilo durante su corta estancia en Catalunya.
Después de años de crecimiento y gloria, el Salón cae en los defectos
que criticaba en sus inicios; digamos que se extravía en disputas
sibilinas y a su vez se aburguesa, hasta el punto de que en 1928
rechaza la presencia del Uruguayo Joaquín Torres García, uno de los
artistas más importantes de principios de siglo. Sin embargo, Torres
García y otros cuatro rechazados se consagran en la galería Marck de
París. Esta situación cambió hace años cuando el escritor
de arte Noël Coret tomó las riendas del Salón. Desde entonces, todas
las obras que se exponen (700) pasan antes por un tribunal, que
deshecha unas 1300. Se eligen con un criterio muy amplio en cuanto a
estilos y tendencias, primando en la selección final únicamente la
calidad (si es posible que la calidad puede ser designada por decreto).
Las garantías las ofrecen artistas independientes y consagrados como
Princemin, Combas, Dado o Cremonini. Para remozar el Salón los
organizadores invitan todos los años (gratuitamente) a jóvenes artistas
recién salidos de la Academia de Bellas Artes, y atraen a creadores
díscolos y artísticamente reconocidos en sus respectivos países; China,
Corea, ex Yugoslavia, etc.
La salida del Salón de Otoño al extranjero
forma parte de este espíritu innovador; por eso es tan importante que
Sarria lo reciba y por segunda vez. Se debe sin duda a las gestiones
del escultor José Díaz Fuentes, quien ya participo en antiguos Salones
de Otoño en Paris; y es bueno que se sepa que al lado de los muchos
Salones de Otoño que proliferan por la Península (Plasencia, Palma,
Zaragoza, A Coruña ), el de Sarria Goza de la marca, no diré
registrada, mas sí original.
Ramón Chao

